La entrevista duró apenas unos minutos, eran claras las peticiones, pero duras, con ellas el compromiso se acentuaba y declaraba públicamente. Había llegado la hora del dar la cara. Despedí a mis misteriosos visitantes y llamé a mis Consejeras de Interior, Guerra y Contraespionaje.
Redactamos y acordamos las tácticas a seguir, mi ejercito atacaría en son de Guerra a un objetivo fijo, diez espías partirían en misiones muy peligrosas a Islas lejanas y yo misma tendría que ir a comunicárselo a nuestro Líder.
Disponía de cuatro horas, como mucho cinco antes de que mi esposo y General de PuVit, despertará y tomará parte en el asunto. Le tenia que dejar descansar, lo necesitaba al 100% de sus facultades.
Me eché una gruesa capa de viaje que ocultaba premeditadamente mi figura y en la montura más veloz de mis cuadras, partí sola al Palacio de mi Soberano.
En apenas una hora estaba delante de su regia persona, me recibió con el cariño y humildad que caracteriza a los Grandes Personajes de la Historia, mis palabras fueron concisas al comunicarle los deseos que habían expresado mis visitantes.
Su gesto se endureció y aunque no expreso gesto de dudas, medito unos minutos, hasta que al fin me dio las ordenes que yo tanto deseaba oír:
- Lo haremos. Vos hacer lo acordado, yo me encargaré personalmente de la otra parte.-
Eso demostraba de que pasta estaba hecho mi Líder, él mismo en persona acudiría a una batalla en tierra desconocida, contra posibles enemigos futuros.
Me despedí con una reverencia y presurosa partí hacía mis dominios, donde me esperaba las flotas armadas dispuestas ya para la contienda, parecía un buen contrincante.
Llegamos por mar y tierra en perfecta combinación de tiempo, sin reporte de espías ya que el riesgo era alto y nos encontramos con una ciudad casi fantasma, pocos navíos y pocos soldados, la masacre fue terrible, el botín escaso, era batalla no rapiña.
Salimos victoriosos pero defraudados, un oponente que nos sacaba más de 100.000 pts en totales y un fiasco de ejercito.


Hora y media después llegamos a casa.
Tomé un baño rápido y pedí informes a los espías, aun no habían llegado a su destino.
Volví a los aposentos donde reposaba mi guerrero, me desnudé buscando su cuerpo cálido y receptivo, él me acogió medio dormido, sintió la tibieza de mis deseos latentes y sus instintos masculinos respondieron con la armonía de un encuentro largamente esperado.
Hicimos el amor largamente y mirándonos a los ojos, quizás sintiendo que está vez podría ser la última en que nos entregáramos en cuerpo y alma, se avecinaban tiempos difíciles llenos de sangre y muerte, no aptos para los sentimientos humanos.
Nos dejamos llevar por el momento y nada, ni nunca había sido tan perfecto, no solamente nuestros cuerpos se unieron, esta vez sentí su alma dentro de mi, amándome como nadie lo había hecho hasta ahora... Y yo me entregué de la misma manera....
Morimos y volvimos a nacer en este nuevo día que ya despuntaba por los grandes ventanales de Palacio.

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