Quieren lucha y la van a tener… Terminada la selección, daba la orden para embarcar cuando un veloz jinete se adentró en el puerto y parando su fatigada montura ante mí, hecho pie en tierra clavando una rodilla en el suelo, en señal de respeto y sumisión hacia mi regia persona y me tendió un pergamino, conocía los colores del emisario y el sello de cera, era de mi Señor Zarathustra, mi corazón se aceleró y una sonrisa acudió a mis labios, siempre me producía esa sensación. Abrí la nueva buena, ¿Qué me anunciaría? ¿Un nuevo Palacio que brindarme? ¿Otra tremenda batalla a su lado? NOOOOOOOOOOOOOOOOOO Maldije su linaje y su raza, mañana llegaba a mis dominios su madre, mi querida y fastidiosa Real Suegra, la peor de mis pesadillas, peor que cualquiera de mis enemigos… Por eso se había ido tan apresurado… Nada de sentirse molesto por la visita del perro amigo, ¡no!, el muy ladino sabia que me iba a enfadar y no quiso darme la noticia en persona… ¡¡Ah ya te cogeré!! Me volví rabiosa hacía uno de mis hoplitas que esperaba en formación: -¡Tu!- Le grité- Ve a Palacio y di que preparen aposentos para la madre de mi esposo y su séquito, diles que llegará a mañana temprano. Llévate a este emisario y que le den algo de comer, después quiero que el verdugo de la corte le de 50 latigazos por traerme tan buenas noticias, al caballo tratarle bien, no es más bestia que su amo. Me había amargado el día, a partir de mañana las horas serían interminables e horribles al lado de tan experimentada arpía, mi querida Real Suegra, le habían dado el alta del Hospital Comarcal Nuestra Señora del Girocóptero Perpetuo, tras una larga rehabilitación por el percance sufrido con un carnero en celo… Pero bueno eso es otra historia. En venganza y como escape de mi rabia marché con mis batallones para sembrar el caos.
Pobre del que se pusiera en mi camino…



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