Saludos y bienvenida

Aquí empieza mi historia diaria como Reina Guerrera, advierto a los pusilánimes y cortos de miras, a los que sufren la dolencia del puritanismo, que leerán las palabras de una mujer completa, dura y a la vez tan dulce que pica los dientes, pero también los rompe...
Luego no vengan con quejas, si quieren quédense y disfruten conmigo, nadie les obliga a leer.
Un saludo y tened mi compañía, aunque no siempre la visita a vuestros Palacios será de cortesía.
Todo lo aquí escrito es fruto de la fantasía de la autora, cualquier relación con la vida real, es pura coincidencia (¿o no?)


miércoles, 8 de abril de 2009

La Reina llora

Un día sola.
Paz tranquilidad, me dedico a cuidarme y darme ese reposo que mi cuerpo pide a gritos.
Entro en los baños reales y mis criadas corren atenderme, sé que tengo el rostro demacrado y perdí peso.
Hoy necesito sentirme diosa del Amor, no de la Batalla.
Me preparan el agua perfumada con jazmines y lirios, los aromas de las flores penetran en mis sentidos y me relajan en un mundo de vapor y ensueños.
Frotan mi cuerpo, me miman, salgo del agua con un resplandor nacarado en mi piel, me tumbo en la mesa de masajes y un nubio negro como la noche, relaja mis músculos con sus expertas manos, es sabio con los dedos y deshace los nudos del alma y del cuerpo.
Ungüentos sabios milenarios, con efectos erógenos que me convierten en una fruta prohibida.
Gasas semistrasparentes color blanco puro destacan mis labios y mis ojos negros como gemas ardientes, me recogen el pelo en un alto moño con una cascada de rizos indomables, perlas de adorno como diadema.
Ahora si soy una Diosa, la Diosa Venus.
Me dirijo a los aposentos de mi recién adquirido esclavo, lo encuentro charlando animado con las criadillas de Palacio, según me ven entrar huyen despavoridas, saben que es de uso exclusivo de la Reina.
Nos quedamos solos y me quito la ropa.
Emerjo en toda mi naturaleza ante sus ojos, él me coge la mano y me lleva con suavidad sobre el lecho.
-¿Como te llamas?.-
Levanta asombrado la cabeza y me mira fijamente.
-Tadheo.-
-Dadme placer Tadheo.-
-Lo que deseé mi Reina.-
Me poseyó sin miramientos, ni caricias, ni ternura..
Quiso hacerme sufrir y lo consiguió, tapó mis lamentos con su boca ahogando mis quejas, me faltaba el aire.
El dolor fue terrible, sentí como me desgarraba, su naturaleza fuerte de soldado de batalla, atenazaba mi ya debilitado cuerpo, no pude hacer nada, sentí que perdía el conocimiento, todo se volvió negro, al menos así acababa el suplicio...
Cuando recuperé el sentido, me hallaba en la cama medio arropada, el criado estaba al lado con cara de preocupación y aliviaba mi rostro con paños húmedos.
-Os herí mi Señora, merezco la muerte.-
-Que me habeís hecho Tadheo.-
-Me dejé llevar por la pasión que siento por vos... no estoy acostumbrado a las damas, fui un salvaje.-
Sentí que de mi cuerpo manaba algo húmedo y pegajoso, estaba sangrando, necesitaba un médico.
-Llamad a mi servicio, creo que yo sola no podré levantarme.-
-¿Me mandareis matar?.-
-No esclavo, no creo. Pero ahora no es el momento, id, vuestra Reina necesita ayuda.-
Entraron mis criaditas y me llevaron casi en volandas a mis aposentos.
Cuando el criado quedó solo, la madre del General Zarathustra entró presurosa.
-¿Lo habeís hecho?.-
-Como ordenasteis.-
Una sonrisa espantosa se dibujó en su gordo rostro.
-Aquí tenéis lo prometido.-
Le tendió una pesada bolsa de cuero y marchó.
Mientras yo era atendida por el Médico Real ignorante de tan maquiavélico plan.
-Señora, os han infligido grabes heridas, ¿quien os ha hecho esto?.-
-No preguntéis, ¿me recuperaré?
-Si, en unas semanas.-
-Eso es lo que importa.-
-Pero hay algo más...-
-Decidmelo.-
El galeno comenzó hablar con voz pausada y mientras lo hacia, algo se rompió dentro de mi y comencé a llorar, nunca lo había hecho, jamas esta Reina había derramado una lágrima por nada y por nadie, hoy lloraba por mi misma y por mi marido..

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