Quizás me halla recuperado antes por ver a mi Señor, solo un abrazo casi casto bajo mi esfinge, eso me vale para reanimarme y tener deseos de salir de caza... Humana.
Visto mis atuendos de muerte, limpio y mimo la espada con la que ejecuto, dentro tiene mi alma y da sentido a mi vida.
Salgo de palacio, esta vez la escolta personal la forman doncellas escudadas Skjaldmö, con ellas mi seguridad está garantizada.
Nos dirigimos a los cuarteles con paso firme, deliberadamente excluyo los destinados a los Hoplitas, hoy descansarán del combate, andan algo alborotadillos por la desaparición de su cabra, pero dentro de poco me lo agradecerán, parecían un tropa venida a menos de Leginariux.
Decido no ir muy lejos, era ya tarde y partiríamos de noche cerrada, costó decidirse, el 1º elegido más de 500.000 pts, demasiado poder para estar alerta del trascurso de la batalla, lo dejamos marcado para otro día más propicio , el 2º demasiado pequeño, lo indultamos, por esta vez, que crezca y de más beneficios, por fin encuentro una presa ajustada, casi como yo de totales, vamos allá....
Cincuenta y cuatro minutos tardan en llegar mis tropas, entro con la violencia que me caracteriza, arde toda la ciudadela, se oyen gritos de terror, mis hembras asesinas pasan a cuchillo a cualquiera con más de ocho años que pueda recordar nuestra letal llegada, seleccionan algunos varones singularmente dotados para su disfrute privado en los lupanares adyacentes a los cuarteles, alguna mujer que otra suman también al botín, gustan usar su lado de la Isla de Lesbos, saquean, roban, matan...
Destrucción total.
Volvemos más tarde de lo que pensaba, el puerto comercial a una ínfima construcción hace tediosa la carga del saqueo.

Cuando llego a Palacio apenas me tengo en pié y me duermo mientras como algo, sobre la mesa...No estoy tan fuerte como pensaba...

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