Saludos y bienvenida

Aquí empieza mi historia diaria como Reina Guerrera, advierto a los pusilánimes y cortos de miras, a los que sufren la dolencia del puritanismo, que leerán las palabras de una mujer completa, dura y a la vez tan dulce que pica los dientes, pero también los rompe...
Luego no vengan con quejas, si quieren quédense y disfruten conmigo, nadie les obliga a leer.
Un saludo y tened mi compañía, aunque no siempre la visita a vuestros Palacios será de cortesía.
Todo lo aquí escrito es fruto de la fantasía de la autora, cualquier relación con la vida real, es pura coincidencia (¿o no?)


domingo, 22 de marzo de 2009

Reunión de la Alianza

La madrugada era extremadamente fría, todo el valle se veía cubierto por una fina helada que con los primeros rayos de sol se trasformaba en bruma, dando un aire embrujado al contorno.
Ataviada con gruesos ropajes de viaje me disponía a partir rumbo a la reunión que solíamos celebrar todos los cambios de luna en mi Alianza.
El lugar me era desconocido en cada encuentro, las extremadas medidas de protección nos hacia ignorar este punto, nuestro amado Líder, prudente en extremo, nos enviaba un carruaje fuertemente escoltado para trasladarnos a la Asamblea General.
Allí discutíamos los puntos importantes a realizar, presentaban oficialmente a los nuevos miembros, despedíamos con honores a los que habían marchado al lado de Hades, sentenciábamos a muerte a los traidores, así como planeábamos conjuntamente ataques y defensas.
En resumen, una buena excusa para juntarnos aunando lazos de sangre y poder coger la mayor borrachera del mes lunar.
Siempre acudía con ilusión a estas reuniones de caballeros y damas, guerreros, pacíficos comerciantes, florecientes granjeros y demás fauna ecléctica que formábamos una de las Alianzas de Epsilon, la Gran Pureza Vital. Pero esta vez, a pesar que volvería a ver viejos y queridos compañeros de batallas, partía con pena, sabia que mi Señor Zarathustra no acudirá esta vez, andaba tramando algo de vital importancia en la oscura cueva donde suele residir y estas reuniones sin él, eran como el pan sin sal, me falta la vida.
El sol apuntaba alto cuando por fin llegamos, esta vez el lugar elegido para la reunión era una cala resguardada de miradas indiscretas, habían habilitado en ella, lejos del oleaje, una enorme carpa por donde se veían pulular una recua de lacayos presurosos para tener todo a punto ante la llegada de los ilustres invitados.
Antes de poner un pie en tierra, acudió mi Líder gentil y caballeroso a ofrecerme su mano para descender cómodamente, era un joven y apuesto Rey, de pelo negro ensortijado, tenia una mandíbula potente y cuadrada rematada en un hoyuelo que hacia suspirar a las Damas que cortejaba, sus ojos tan oscuros como la noche, tenían el magnetismo de una cobra, la sabiduría de un viejo senador y la profundidad de la misma Parca, todo su ser emanaba un magnetismo tan atrayente, que su liderato jamás era discutido, era el Gran Rey por naturaleza y nosotros acatábamos sus designios como palabra sagrada.
-Mi querida MadreWicca. Veo que el matrimonio os sienta bien, nunca os vi tan magnífica como hoy.-
-Encantada de volveros a ver Señor, pero no hace falta que aduléis a esta vieja dama con bastantes años como para ser vuestra madre.-
-No retiro lo dicho, verdaderamente se os ve esplendorosa, si vos fuerais mi madre, seguramente yo no seria Rey, sabríamos quien mandaría en la familia...
Reímos los dos la concurrencia, debía reconocer que mi Líder era tremendamente seductor.
-Voy a pedir que os acompañen a vuestro sitio de honor.- Batió palmas y dos criados acudieron presto llevándome con trato de alteza a mi lugar en la carpa.
Mi sitio era a la derecha de mi General como Diplomática en funciones, pero ese asiento estaría vacío, contemplándolo con tristeza decidí dar un paseo por la playa.
Descalza, ya sin capa de viaje por que el calor comenzaba a tibiar los cuerpos, caminé absorta en mis pensamientos, al final de la pequeña cala rodeada de inmensos y escarpados riscos miré hacia al mar preguntándome que acontecería en Palacio, ¿sufriría algún ataque en mi ausencia? Sabía que mis movimientos eran espiados en pro de destruir y saquear mi Reino. Sacudí la cabeza intentando alejar los negros pensamientos, la tristeza por la falta de mi amado esposo me inducia a ideas nefastas.
Encontré una pequeña rama traída por el mar, quién sabe de que lejanas y exóticas tierras y como si dibujara un exorcismo a la negrura de mis elucubraciones, escribí en letras grandes los tres poderes que emanaban de mi persona, mi Mundo, mi Alianza, mi Nombre y con lágrimas ocultas también grabé en mi alma las letras que componen la palabra más pronunciada en mis anhelos, Zarathustra.


Este sencillo gesto pareció que animaba mi estado. Desandé lo recorrido y me presenté ante los viejos amigos que tanto apreciaba.
La Princesa Taely no tardó en apartarme para contarme sus líos de enamorada con el valiente Arturo que nos miraba desconfiado desde un rincón, saludé con un gesto cómplice al Ministro del Interior, el serio Akinsay, besé con ternura al sabio y callado Morgil, el vergonzoso Fosco, Ministro de Economía, me evitó todo el día, con Xt_latino y Hersay compartí charla y vino, ARTORIUS me hizo, como siempre, reírme de sus ocurrencias, con todos los restantes compañeros pasé maravillosas horas sin pensar en guerras, traiciones, saqueos, muerte...

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