Mi cabellera, que hace bastante tiempo había empezado a copiar en su color los destellos de mi espada, caía sobre mi frente, mis ojos rodeados de finas hendiduras que adornaban su circunferencia, en resumen todo mi ser curtido por los huracanes del tiempo contemplaba a uno de los seres más perfectos jamás visto, en sus pupilas podía augurar miles y miles de loas en su nombre, gritos de júbilo, sacrificios, ofrendas y años de gloria …
Mientras permanecía impávido observándolo sentí como sus manos, lentamente, se enredaban en mis cabellos y de repente con una fuerza impropia para su edad tiró de ellos como si de riendas se trataran, acercó su pequeño rostro y mordió fuertemente mi nariz, provocando un dolor lleno de ternura y admiración … suavemente lo recosté en su lecho y me marché.
La elección del lugar fue muy difícil pero más arduo fue encontrar al grupo de personas, hombres y mujeres de todas las edades, todos ellos dueños de la mayor sabiduría sobre cada arte y ciencia, la suma del conocimiento humano a cargo del adiestramiento y educación de tan pequeño ser …
La guardia imperial había sido descartada, los aliados también, debíamos elegir cuidadosamente al guardián y protector de tan importantes criaturas, de repente mi pensamiento se vio interrumpido por el inconfundible aullido del gran caballero elegido…
-…Hermano Zarathustra aquí estoy como os he prometido y traigo conmigo lo que me habéis encomendado …
-…De prisa Tatu que no resisto un segundo más…
De uno de los bolsillos de la impecable y única montura de su yegua (nunca he visto, por cierto, a Tatukovik montar sobre otro animal que no fuera yegua), extrajo un pequeño cofre de cuero negro, rápidamente me lo entregó, al abrirlo encontré el pañuelo de mi amada Reina, con ambas manos lo tomé y lo fundí en mi rostro, con los ojos cerrados aspiré a través del tramado de la seda más fina y pude revivir todas las sensaciones que alguna vez tuve junto a ella.
Tatu era un noble general, más nos unía el hecho de que nuestras espadas se habían chocado buscando cada una la muerte de quien las empuñaba, al verlo podía percibir el honor en su estado puro.
Nos pusimos al tanto de lo sucedido en el mundo y cada uno siguió con su deber, yo inmediatamente me encaminé hacia el Este, donde había fundado mi nueva Ciudad, mi antigua capital había sido destruida por consejo de mis ancianos brujos, una maldición había sido descubierta y nacía de los cimientos del antiguo palacio de aquella capital, de aquella ciudad solo queda el recuerdo del inicio de mis días…
Hécate había traído a nuestra alianza a poderosos y sabios miembros, de a poco el manto de la Diosa va cubriendo Epsilon y conquistando nuevos corazones.-
Extraño a mi amada, hoy libraría una batalla en su nombre …
Saludos y bienvenida

Aquí empieza mi historia diaria como Reina Guerrera, advierto a los pusilánimes y cortos de miras, a los que sufren la dolencia del puritanismo, que leerán las palabras de una mujer completa, dura y a la vez tan dulce que pica los dientes, pero también los rompe...
Luego no vengan con quejas, si quieren quédense y disfruten conmigo, nadie les obliga a leer.
Un saludo y tened mi compañía, aunque no siempre la visita a vuestros Palacios será de cortesía.
Todo lo aquí escrito es fruto de la fantasía de la autora, cualquier relación con la vida real, es pura coincidencia (¿o no?)
Luego no vengan con quejas, si quieren quédense y disfruten conmigo, nadie les obliga a leer.
Un saludo y tened mi compañía, aunque no siempre la visita a vuestros Palacios será de cortesía.
Todo lo aquí escrito es fruto de la fantasía de la autora, cualquier relación con la vida real, es pura coincidencia (¿o no?)

viernes, 29 de mayo de 2009
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Tras cumplir la primera misión que me había encomendado mi reina al hacer entrega de su prenda a su esposo,misión que me fue encomendada tras la plácida tarde que pasamos juntos en su palacio, me decidí a cumplr con la segunda de las mismas.
ResponderEliminarEsta no era otra que comprobrar que sus hijos estaban creciendo fuertes, con el cuidado adecuado e instruidos en la adoración de Hécate y yo como defensor de los mismos acepte la misión con júbilo y agrado.
Tras seguir las indicaciones que mi reina me había facilitado para encontrar tan inóspito lugar en el quinto mundo, encontre una fortificación en mitad de la nada, tal y como mi reina me indico, esta fortificación era el lugar donde los herederos de la Dinástia del Rey se encontraban.
La fortaleza estaba custodiada por tal cantidad de guerreros, todos ellos con un arte magistral en el uso de las armas, que gracias al salvoconducto que me facilito mi reina conseguí llegar ante la presencia de los niños más hermosos jamás contempaldos por mi.
Estaban cuidados por 100 doncellas de hermosura incomaprable (que por un moemnto me hicieron olvidar de las señoras de Hécate, mi reina y Samsara, pero esto solo fue un espejismo, ya que estas dos señoras son las más bellas de todo mi mundo) y custodiados por una gran estatua de Hécate, la cual desprendía una fuerza sin igual, me quede inmovil observandola esperando que me autorizará a llegar junto con los pequeños.
Tras sentir esta autorización me acerque a los pequeños, jugaban desnudos con una belelza angélical, pero con un respeto sin igual.
Les agarre en brazos y comprobe que crecían fuertes y sanos, los deje descansando y continue con mi misión, hable con las doncellas, tarea que realice con sumo gusto, y también con las sacerdotizas que se encargaban de su educación. Tras comprobar que todo estaba en orden volví donde descansaban los pequeños y les hice entrega de unos presentes.
Al que me miraba con tal fuerza y valentia como su padre en el campo de batalla, en nuestra gran contienda de hace años, le hice entrega de una espada con una inscricción que dictaba "enemigo, combate con honor y valentía. Ya que te encuentras ante un Rey", además tenía engarzadas diversas piedras de la orilla del lago de mi capital, que según dicta la leyenda otorgan fuerza y valor a los lugareños de allí. Y a su hermano cuya mirada era penetrante y dulce le hice entrega de una cota de malla forjada con el acero extraido de las minas de mi ciudad natal, cuya resistencia es mil veces mayor al normal.
Tras cumplir humildemente con las misiones encomendadas por mi reina volví a mis tierras y a mis quehaceres, pero un pedazo de mi corazón y de mi ser, quedo junto a esos pequeños ....